
Conductor del programa "Librería Sónica" de RCR
Para los amantes de las lecturas tipo best sellers esta es una buena alternativa. Con un lenguaje descarnado, sin ambages, Juan Carlos Sosa Azpúrua nos trae su primera novela: Cicatriz.
Las tramas y las trampas políticas, el tema de espionaje visto desde sus entrañas, intrigas empresariales, meretrices de alto rango, asesinos, corrupción y mucho más, confluyen en este trabajo que se pasea por lo más mísero del mundo moderno, el mismo que está en nuestras narices y no lo vemos. Aquí se dan cita mujeres despampanantes y hombres que rayan en lo adónico, que terminan padeciendo la inevitable adicción que produce el poder.
Esta cita da en términos generales una panorámica de la novela: “En algún momento de nuestras vidas, alguien o algo nos produjo un sufrimiento insoportable, un dolor que nos marcó para siempre…Descubre la cicatriz de una persona y hallarás la clave de su vida, un tesoro, encontrarás algo que te dará poder, posibilidad de penetrar lo más auténtico y arraigado de su ser. Haciéndolo, podrás manipular a tu antojo, para bien o para mal, eso lo escoges tú”.

Hacia el final de la novela, la misma pasa de lo más sórdido a lo más espiritual situando a uno de los personajes principales en el Tibet, lugar en donde vive una transformación total en cuerpo y alma, digna de admiración, más bien propia de un ser de otro mundo. Sin embargo, como en una especie de recuento macabro, éste va recordando su vida hasta llegar a una carta malévola que le aclara la verdad que tanto buscaba, reiterando con ello que “el poder no tiene alma que censure ni corazón que sienta”. Tal como señalé al principio, con un lenguaje desprovisto de discreción en el acto narrativo como elemento de enganche a la lectura, con una jerga venezolana y particularmente muy caraqueña, Juan Carlos Sosa Azpúrua debuta con su primera novela, en donde al final, sólo el propio escritor se salva.
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